La promesa del Espíritu Santo
Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
Este es un punto clave en la lectura de las asambleas:
Jesús ordena esperar la promesa del Padre. No se trata de entusiasmo humano, ni de organización, ni de estrategias. La obra espiritual solo puede comenzar cuando el Espíritu Santo toma el control.
Podemos destacar:
- La iglesia no se “funda” por decisión humana, sino por la venida del Espíritu.
- El poder para testificar no es psicológico ni retórico, sino espiritual.
- El testimonio comienza “en Jerusalén” (lo cercano) y se extiende “hasta lo último de la tierra” (lo lejano), mostrando un patrón misionero simple y directo.